Alberto Olmedo, cumpliría 83 años

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Alberto Olmedo, cumpliría 83 añosAlberto Olmedo nació el 24 de agosto de 1933 en el humilde barrio Pichincha de la ciudad de Rosario, antiguamente la “zona roja” de esa ciudad, con prostíbulos y bares de mala muerte. Vivió con su madre, Matilde Olmedo, en la calle Tucumán 2765.

Desde los 6 años, Alberto Olmedo tuvo la necesidad de trabajar, fue ayudante de verdulero y de carnicero, cadete de farmacia, repartidor de panadería. Entre estas duras tareas, la escuela, y la inevitable ayuda en la casa a su madre soltera, no había tiempo para soñar con ser actor.

En el teatro

El Negro Olmedo se acerca al teatro por el escalón más marginal, el del público contratado, que en esa época tenían todos los teatros importantes. Su misión era iniciar los aplausos cuando la platea se mostraba indiferente.

Olmedo se siente fascinado por ese nuevo universo, tan lejos de su realidad concreta, y comienza a presentarse en clubes y otros escenarios interpretando imitaciones de artistas de moda como Lola Flores o Miguel de Molina, pequeños papeles en comedias, números acrobáticos y de baile.

Por esa época también participa en una agrupación artística vocacional que funciona en el Centro Asturiano: La Troupe Juvenil Asturiana. En 1951, como parte de los números de La Troupe, forma (junto a Antonio Ruiz Viñas) el dúo Toño-Olmedo. Ya profesionales, la pareja actúa en varios espectáculos, entre ellos Gitanerías, dirigido por Juanito Belmonte. Para fin de 1954 decide viajar a Buenos Aires para probar suerte.

Carrera cinematográfica y televisiva

En mayo de 1955, ingresa como switcher al Canal 7 Argentina, en la ciudad de Buenos Aires, por la referencia de su amigo Pancho Guerrero. En una cena de camaradería de fin de año, en la que se reúnen las autoridades y el personal del canal, Olmedo realiza una formidable improvisación y Julio Bringuer Ayala, interventor de la emisora, le ofrece trabajar como actor.

Una semana después de la cena debuta en La Troupe de TV, programa dirigido por Pancho Guerrero, en el que trabajan María Esther Gamas, Noemí Laserre, Tincho Zabala y Rodolfo Crespi, entre otros. Comienza a hacer monólogos y pequeños sketchs en La revista de Jean Cartier, donde surge «El profesor de locutores». Al mismo tiempo participa en Medianoche en Buenos Aires y en Sonrisas y melodías.

En 1957, el productor Julio Moller le ofrece protagonizar un ciclo infantil los sábados al mediodía y nace Joe Bazooka. El programa dura tres años, pero Olmedo no deja de trabajar como técnico.

La televisión de la época era en vivo, y tal vez de esas urgencias y ese trabajar en el filo de la navaja Olmedo sacó su estilo de improvisación, de no ocultar los errores, sino hacerlos evidentes. En 1959 con la ayuda de su amigo Coco Ortiz presenta en Canal 9 un personaje infantil: El Capitán Piluso. La repercusión en toda la teleaudiencia es inmediata.

Fue Piluso el protagonista de uno de los primeros hechos masivos en los que la televisión se trascendió a si misma: la pelea con Karadagián, el Desafío del Siglo.En noviembre de 1960 Piluso llegó en helicóptero al Luna Park, 3000 personas habían quedado afuera.El país entero habló al día siguiente del combate. Del triunfo de Piluso. Y de la caravana que, encabezada por los dos oponentes, recorrió luego la ciudad recogiendo juguetes para repartir entre los niños pobres.

Olmedo ya era una figura nacional. Tenía 27 años. Los niños y no tan niños que siguieron paso a paso la caravana no sabían que ésa era la primera de las muchas alegrías que les daría el Negro a lo largo de sus vidas. En 1964 es contratado por Hugo y Gerardo Sofovich que estaban produciendo un nuevo proyecto para Canal 11: “Operación Ja Ja”. El programa tiene un elenco integrado por algunos de los mejores cómicos de la historia argentina: Marcos Zucker, María Rosa Fugazot, Javier Portales, Carlos Scazziotta, Fidel Pintos, Juan Carlos Altavista, Jorge Porcel.

En 1968 inventa otro de los personajes que han pasado a pertenecer por derecho propio a la memoria colectiva de los argentinos: “Rucucu”. Fue con Rucucu que Olmedo depuró algo que ya venía haciendo y que se convertiría en un sello de su comicidad: la puesta en evidencia de los errores y las miserias del medio. Olmedo no dejaba pasar un error de cámara, un furcio de un actor, sus propios olvidos de la letra, las escenografías gastadas o los vestuarios apolillados.

Todo era material para la risa. Y en la complicidad con el espectador, al mostrar a la televisión como algo humano y desprovisto de misterio y glamour, tal vez esté el secreto de la fidelidad de su público.

A medida que avanza la década del 70 Olmedo comienza a participar regularmente en películas y obras de teatro. Estas dos actividades se desarrollarían en forma paralela a la televisión hasta hasta el final de su carrera.

En 1976 para la apertura de la nueva temporada de “El Chupete” un locutor con voz pausada anunció que: “En este horario y por este canal debería salir al aire hoy el primer programa del ciclo El Chupete. Infortunadamente eso no será posible debido a la desgraciada circunstancia de que su protagonista, Alberto Olmedo, ha desaparecido.” Durante 3 años Olmedo y gran parte de los productores actores y guionistas del ciclo tuvieron prohibida la entrada a los canales de televisión. Fueron tres años de cine y teatro de revistas. Hasta su retorno con “Olmedo 78″, ya no habría más interrupciones en su carrera televisiva.

En 1981 comienza “No toca botón” en Canal 11 con guiones de Hugo Sofovich, ciclo que duraría hasta el año de su muerte y en el que Olmedo tuvo sus mejores momentos televisivos. “No toca Botón” duró 7 años en el aire, allí nacieron personajes como Chiquito Reyes, el dictador de Costa Pobre, el Pitufo, el Manosanta, Rogelio Roldán.

Allí Olmedo quemó el traje de Rucucu ante cámaras, enojado porque en otro programa lo imitaban. Allí convirtió el chivo publicitario en otro recurso para hacer reír. El éxito era masivo e indiscutible. Todo un país paraba para mirarse en el espejo al mismo tiempo descarnado y querible que Olmedo ofrecía en cada sketch, en cada personaje.

Por primera vez la crítica comienza a reparar en él y aparecen los primeros ensayos serios sobre la comicidad de Olmedo que se multiplicarían luego de su muerte.

Hacia 1988 sus películas y temporadas de teatro eran éxito de taquilla, comenzaba a tener un reconocimiento por parte de los medios “serios”, que aunque no había buscado, no dejaba de darle satisfacciones. Acababa de terminar su última película: “Atracción Peculiar” junto a Jorge Porcel, sin dudas una de las mejores del dúo, que se estrena el 3 de marzo y estaba preparando los nuevos sketchs de la próxima temporada de “No Toca Botón”.

Muerte

En Mar del Plata, donde su obra “Eramos tan pobres” había sido un éxito, encontró la muerte de una manera absurda. En la madrugada del 5 de marzo, luego de una noche de muchos excesos junto a su pareja Nancy Herrera, cae involuntariamente desde el balcón de su departamento del piso 11 del edificio Maral 39, y fallece ese mismo día.

Aunque se tejen diversas hipótesis alrededor de esta tragedia, la única presente en ese momento fue su pareja, que en más de una oportunidad declaró que fue sólo un accidente, y nada más. Olmedo estaba en el momento más alto de su carrera. Y todo parecía anunciar que lo que tenía para dar era mejor, más arriesgado, llevando los límites todavía más allá.

Su legado

Como presagio de su final, Alberto Olmedo había dicho: “¿Qué quiero que quede de mí? Una estatua a mis manos en la calle Corrientes para que miren y digan: ‘Chau negro’. Nada más”. Hoy podemos decir “Chau Negro” a sus manos, en la Avenida Corrientes 1753, donde se encuentra emplazada la obra de José Martínez.

A diez años de su muerte, en 1998, Hugo Sofovich aseguraba: “Sí habrá cómicos que van a ser queridos o tan queridos como él por el público, pero nadie puede ocupar su lugar”.

FUENTE

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