Lucha contra la extinción de especies

Lucha contra la extincion de especies
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Un ambicioso plan, en el que trabajan conjuntamente entidades estatales y privadas, busca salvaguardar la biodiversidad de Argentina.

La meta es que nunca más se extinga una especie en Argentina.

Por eso el nombre de este plan de acción: Extinción Cero. Ideado por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable, comenzó este año con siete especies prioritarias -tres aves, dos mamíferos, un anfibio y un pez-: el cardenal amarillo, el macá tobiano, el cauquén de cabeza colorada, el jaguar o yaguareté, el venado de las pampas, la ranita del Pehuenche y la mojarra desnuda.

No significa que otras especies no requieran atención, sino que implica un esfuerzo adicional en el manejo de las que están en estado más crítico.

“Queremos resguardar el patrimonio natural, cultural y la biodiversidad de los argentinos.

No sólo para los que estamos hoy, sino para las generaciones futuras”, indica a DW Javier García, Director Nacional de Biodiversidad y Recursos Hídricos del ministerio.

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El Plan de Acción Extinción Cero es parte de la Estrategia Nacional de Biodiversidad, con planes que apuntan a conocer el estado de conservación y proteger diversos ecosistemas.

“Es un paso adelante no sólo en reducir la amenaza y la pérdida, sino también en recuperar poblaciones y disminuir la pérdida de hábitat, con un enfoque mas abarcativo”, explica García.

Para cada especie se han establecido alianzas con instituciones expertas en el tema y socios estratégicos en terreno.

El plan aúna los esfuerzos de una gran red de entidades estatales y de la sociedad civil, como ministerios, parques nacionales y provinciales, ONG, universidades, centros de estudio, entre otros, que ahora trabajan en forma coordinada.

Desde el control y la fiscalización, hasta la protección del hábitat y la reintroducción de especies.

“Los esfuerzos de conservación de la biodiversidad tienen que ser colectvios, no hay una sola institución que pueda abordar la problemática por sí misma y en soledad”, afirma Javier García.

“El Plan Extinción Cero ha sido una muy buena experiencia y un ejemplo de cómo el estado y la sociedad civil pueden trabajar en equipo en planes concretos de acción”, afirma a DW Carina Righi, responsable de conservación de Fundación Temaikèn.

Esta es una de las instituciones involucradas en el plan.

Se trata de una organización privada sin fines de lucro, que cuenta con un bioparque en la provincia de Buenos Aires.

“Nos enfocamos principalmente en especies que tienen amenaza de conservación o que están en peligro, pero además rehabilitamos y reintroducimos animales víctimas de tráfico ilegal.

Trabajamos con las autoridades que hacen decomisos y esos animales vienen acá, se los recupera, rehabilita y la mayoría se vuelve a reinsertar”, explica Carina Righi.

Cardenal amarillo, de vuelta a la naturaleza

La mayoría de las especies víctimas de tráfico ilegal son aves, pues su traslado y comercialización ilegal es más fácil.

“Muchas veces viajan en mochilas, en el doble fondo de valijas, dentro de la ropa de las personas o en los baúles de los autos”, relata Carina Righi. Víctimas de la captura y de traslados traumáticos, llegan en un gran estado de estrés y deben ser recuperados, desde la alimentación hasta al sociabilización.

El tráfico ilegal casi llevó a la extinción al cardenal amarillo.

“Es un ave muy bonita, colorida, que canta muy lindo y es muy codiciada como mascota, al igual que los loros y los tucanes”, indica la experta de Temaikèn.

En el plan de protección del cardenal amarillo trabajan cuatro entidades: el gobierno como fiscalizador del comercio ilegal, la Fundación Temaikèn en la rehabilitación, la ONG Aves Argentinas en labores de educación y difusión, y la Universidad de Buenos Aires en el monitoreo de las aves reintroducidas.

Los resultados de esta cooperación son más que positivos, destaca Carina Righi: “Hace dos meses hicimos una liberación de 26 cardenales amarillos que habían estado mucho tiempo decomisados y por burocracias estatales o judiciales no podían liberarse.

Hoy están monitorizados, sobreviviendo con éxito y formando pareja en la vida silvestre. Con la descendencia están aportando a la preservación de esa población”.

Innovación, educación, conciencia

Junto con la cacería, las especies nativas se ven afectadas por la reducción del hábitat con el avance del hombre, tanto por la agricultura, la ganadería y la urbanización.

Muchas veces las medidas preventivas de control no bastan y se están incorporando enfoques más innovadores.

En el caso del yaguareté, por ejemplo, se busca minimizar el conflicto con la ganadería en las poblaciones circundantes al área de distribución.

En algunas especies se consideran sitios potenciales para traslocar poblaciones, proyectos de cría ex situ, creación de áreas protegidas y técnicas de reproducción asistida.

“Cuando las poblaciones disminuyen de manera muy crítica y ya no existe población silvestre que recuperar, empiezan a tenerse en cuenta los planes de reproducción en ambientes controlados para después reinsertar.

Ese es un camino que nos queda por recorrer. Ahora lo estamos pensando para una especie de guacamayo que en nuestro país se encuentra extinto y ver si por esa vía se puede volver a repoblar”, dice Carina Righi.

FUENTE

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