Ludmila Pagliero, argentina que brilla en Ópera de París

Ludmila Pagliero, brilla en la Ópera de París
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“Todos mis sueños de bailarina comenzaron en el Teatro Colón” de Buenos Aires, recordó la nueva “estrella” del ballet de la Ópera de París, la argentina Ludmila Pagliero, en vísperas de la inauguración el lunes de la temporada, en la que asumirá por primera vez su papel de “étoile”.

“Y me enamoré del ballet, a los ocho años”, dice, señalando que luego entró a estudiar en el Instituto Superior de Artes del Teatro Colón de Buenos Aires, equivalente argentino de la Ópera de París.

“Todos mis sueños de bailarina comenzaron en el Teatro Colón” de Buenos Aires, recordó la nueva “estrella” del ballet de la Ópera de París, la argentina Ludmila Pagliero, en vísperas de la inauguración el lunes de la temporada, en la que asumirá por primera vez su papel de “étoile”.

En su camerino en la Ópera del Palacio Garnier, rodeada de gastadas zapatillas de ballet y algunas fotos, la bailarina de pelo rojizo y voluntad de acero compartió con la AFP su historia, con ecos de Cenicienta, que la llevó desde Buenos Aires a París, donde integró uno de los ballet más refinados y exigentes del mundo.

“Mi historia es bastante atípica”, reconoce la artista argentina, que no oculta que su vida está hecha de “azares, grandes sacrificios, y grandes satisfacciones”.

Nacida en Buenos Aires hace 28 años, hija de un electricista y de una masajista, Pagliero es la única bailarina latinoamericana integrante del Ballet de la Ópera de París, cuna de la danza clásica, que la honró en marzo del 2012 con su máximo título de “etoile”, o bailarina estrella.

“Fue algo totalmente inesperado”, contó Pagliero, recordando la “sorpresa, alegría, y también miedo” que vivió esa noche de marzo, cuando al final del estreno de “La Bayadera”, en la que interpretó el rol de Gamzatti, la directora del ballet, Brigitte Lefèvre, subió al escenario, tomó el micrófono y anunció su nombramiento como “estrella”. “Fue un sentimiento de mucha sorpresa, porque no me lo esperaba, de alegría inmensa, y al mismo tiempo de miedo, porque todo lo que había soñado durante tanto tiempo se hacía realidad, y ahora tenía que asumir el rol de ‘étoile’. Pero fue un momento de enorme satisfacción”, agregó.

“Me llevó unos cuantos días darme cuenta de lo que me había sucedido”, dijo Pagliero, señalando que el azar hizo que bailara en ese ballet de Rudolf Nureyev.

“No estaba previsto que yo bailara en esa producción. Yo estaba bailando en esos momentos en otro ballet de la Ópera Garnier. Pero en la Ópera Bastilla estaban ensayando ‘La Bayardère’ y hubo problemas con el rol de Gamzatti”, recordó. “Las bailarinas se fueron lastimando, una tras otra, y llegó un día que no había más nadie para bailar ese rol. La danza es un arte viviente y estas cosas suceden”, añadió.

“Como yo había hecho el papel de Gamzatti dos años antes, me pidieron, a último momento, sin ensayo, sin haber escuchado la música con esa orquesta, si podía asumir el reemplazo. Probé, ensayamos una hora, me recordaba de todo. Todo salió bien y la noche de la primera representación fue histórica”, agregó.

La bailarina reconoce, con una mezcla de humildad y satisfacción, que tantas cosas en su vida han sido “excepcionales”.

“No sólo soy la primera bailarina latinoamericana que entra en el mundo de la Ópera de París”, sino que los casos de bailarines de este cuerpo de ballet que no pasaron antes por la estrictísima École de Danse de la Ópera son rarísimos. Y el mío es uno uno de esos”, nota Pagliero.

Recuerea que empezó a bailar a los siete años, danza jazz, pero que sus profesores, al ver sus “condiciones, que tenía el cuerpo, la musicaldad”, la estimularon que probara el ballet. “Y me enamoré del ballet, a los ocho años”, dice, señalando que luego entró a estudiar en el Instituto Superior de Artes del Teatro Colón de Buenos Aires, equivalente argentino de la Ópera de París.

“Me enamoré de la danza clásica, me obsesioné con la disciplina que se necesita. Luego, como no había audiciones en el Teatro Colón, mi preocupación era adónde ir, para seguir aprendiendo y bailando”, indicó. Y a los 16 años fue contratada en 2000 por el Ballet de Santiago de Chile. Allí se convirtió en solista en 2002 antes de ser admitida, el año siguiente, en el cuerpo de ballet de la Ópera de París, compuesto por 154 bailarines permanentes.

Pagliero confesó que sueña con bailar los roles femeninos trágicos, románticos: el “Lago de los Cisnes”, “Giselle”, “Romeo y Juliette”. “El drama, el amor, la pasión, todo eso me atrae”, confió.

El lunes, cuando se inaugura en la Ópera Garnier la temporada parisina de ballet, con tres espectáculos de Georges Balanchine, creador del New York City Ballet y una de las leyendas del ballet, los ojos estarán volcados en Pagliero, que brillará en “Sérénade”, el primer ballet creado por el coreógrafo en Estados Unidos, en 1934.

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