El Colonial, un teatro con historia

El Colonial, un teatro con historia

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Pocos teatros en Buenos Aires tienen la historia del Colonial. Es que el solar donde hoy se erige, en la intersección de las avenidas Belgrano y Paseo Colón, fue originalmente la casa de Don Vicente de Azcuénaga, padre de Miguel de Azcuénaga, militar y político argentino que se destacó como vocal de la Primera Junta.

Luego, la propiedad fue vendida a la Aduana, siendo muy valiosa para la época debido a su aljibe, un lujo en esos tiempos. Allí funcionó provisoriamente el organismo hasta mudarse, en 1855, al nuevo edificio de la Aduana Taylor.

Cuentan que en aquellos años Juan Manuel de Rosas dormía las siestas en los sótanos de la edificación, dado que allí se sucedían febriles reuniones donde se debatía el futuro de la región. Posteriormente, el inmueble fue un albergue de refugiados, hasta que en 1946 fue reconstruido al estilo colonial e inaugurado, en junio de ese mismo año, por el grupo La Máscara, pionero del teatro independiente en Buenos Aires.

Así se convirtió en uno de los epicentros de la movida cultural porteña, donde presentaron sus obras referentes como Carlos Gorostiza, Juan Carlos Gené, Osvaldo Dragún, Eduardo “Tato” Pavlovsky y Griselda Gambaro. Hoy, el teatro Colonial se debate entre la pertenencia al circuito comercial y su tradición dentro del teatro independiente.

PRIMER CONTACTO

Las historias que encierra la sala no provienen sólo de los nombres que la recorrieron sino también de la coyuntura que atravesó en sus comienzos. El director del Colonial desde hace treinta y tres años es Adrián Di Stéfano, quien en diálogo con La Prensa recordó los primeros pasos.

“Mi primer contacto con este lugar fue al asistir a un ensayo de Oscar Casco en la obra Juvenilia”, en 1975, en una de las salas del sótano, donde hay vestigios de los túneles que comunicaban, en la época de la colonia, con el Convento de Santo Domingo y desde allí, con la Manzana de las Luces”, comenta.

En aquel entonces el teatro era dirigido por Rubén Sandrini, pariente lejano de Luis, y ese mismo año Di Stéfano protagonizó allí “El avaro”, de Moliere. Entre 1976 y 1982, durante la dictadura, el Colonial permaneció casi abandonado, y con la llegada de la democracia se hizo fuerte el rumor de que allí levantarían un bingo. Pero eso nunca ocurrió.

-Usted lo volvió a poner de pie.
-Cuando volví a entrar, en el “85, hacía mucho tiempo que estaba cerrado y el estado general era deplorable. Yo andaba buscando un lugar donde hacer mi unipersonal “Por si preguntan quién soy” y encontré este espacio casi sin actividad. Pensando en grande pregunté para alquilarlo y llegué a un acuerdo con la Confederación Nacional de Beneficencia.
Gracias a mi madre (María de Marco, con cuyo nombre fue bautizado el hall del teatro) pude ponerle luces y sonido. Así debuté el 10 de agosto de 1985. Al año siguiente logré que Sergio Renán protagonice “El centroforward murió al amanecer” y ya en el “87 Onofre Lovero estrenó “Para que se cumplan las escrituras”. Durante aquellos años también funcionó la Escuela de Teatro de Alejandra Boero.

-Hoy, el Colonial es elegido por los colegios para que sus alumnos vean teatro clásico.
-Sobre todo las obras emblemáticas de Shakespeare, Moliere, García Lorca, Lope de Vega. En treinta y tres años fueron muchos los alumnos que descubrieron su vocación artística después de asistir a alguna de nuestras representaciones. Iván de Pineda nos hizo saber que nuestra versión de “Bodas de sangre” fue uno de sus disparadores vocacionales.

-Actualmente, dirige y protagoniza “El conventillo de la Paloma”.
-Sí, un clásico de (Alberto) Vacarezza que no pierde vigencia. Claro que le hicimos unos retoques: recuperamos el lunfardo puro de la versión original y sumamos un cantante de tango y una pareja de baile. Siento un gran orgullo por el elenco estable del Colonial.

AQUELLOS RECUERDOS

Además de ser director y docente, Di Stéfano tiene una vasta experiencia como actor en la televisión de los años “80. Uno de sus primeros trabajos fue en la tira “Por siempre amigos”. “Mi personaje era el doctor Ferreyra, que interactuaba con los chicos del elenco, pero nunca me imaginé que de ese grupo saldrían Ricky Martin y Draco Rosa, o actores como Pablo Rago y Adrián Suar”. En “Amor gitano”, Di Stéfano fue el primo de ficción de Arnaldo André.

-Trabajó también con Narciso Ibañez Menta en “El pulpo negro”…
-Un tipo muy educado, reservado, meticuloso, muy inteligente. No se le escapaba nada, pero a diferencia de lo que parecía, era muy bajito. Memorizaba los guiones en tiempo récord. Fue mi referente, aún hoy recuerdo sus consejos.

-¿Y si le pido una anécdota?
-Hacíamos “Ocho preguntas a un monarca” con Cibrián padre y Alberto Closas. Yo hacía de inquisidor, pero ellos eran tan geniales que en escena debía hacer un gran trabajo de concentración para no reírse. ¡Y eso que la obra era un dramón!

Mariano Casas Di Nardo
FUENTE

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