Los lugares por su nombre

Los lugares por su nombre

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Marcelo Montes Pacheco, forjador del turismo como disciplina, confeccionó una lista de palabras aborígenes que dan nombre a localidades y a parajes de Córdoba. Esa nomenclatura no está en el diccionario de la lengua castellana, aunque forma parte de nuestro lenguaje.

Hijo de una familia de cómoda posición económica, nace el 18 de enero de 1901 en el pueblo rural de Herrera, en Santiago del Estero. Muere el 6 de enero de 1971, en la ciudad de Córdoba. Montes Pacheco es para nuestra provincia el decano en la instrucción de quienes deben atender a quienes viajan por placer.

 El 9 de junio de 1959, Montes Pacho sentó las bases para la creación de la Escuela de Turismo de Córdoba. De ese instituto surgió la Escuela de Turismo y Hotelería “Marcelo Montes Pacheco”, que depende de la Universidad Provincial de Córdoba.

 “Tuvo una intensa vida cultural -cuenta Araceli Madonado en el libro “El guía”-. Fue cofundador del Círculo de la Prensa de Córdoba; presidente de la Sociedad Argentina de Escritores; miembro de la Junta Provincial de Historia; director de los diarios Heraldo del Chaco y El Imparcial, en El Chaco; corresponsal en Presidencia Roque Sáenz Peña de La Nación, de Buenos Aires; La Capital, de Rosario; El Diario Español, de Buenos Aires; La Provincia, de Santa Fe; y La Voz del Chaco, de Resistencia. Ya en Córdoba, escribió para La Voz del Interior y fue colaborador de La Prensa, de Buenos Aires y de otros diarios y revistas del país y del exterior. Autor, entre otros tantos trabajos de la Toponimia autóctona de Córdoba (1970), un libro que hizo escuela”.

Confluencia de lenguas

“Toponimia autóctona de Córdoba” es un trabajo de investigación que recoge palabras de lenguas nativas extendidas en la región central del país y que dan nombre a diferentes lugares del actual territorio provincial.

 La primera entrega de su estudio del origen de los nombres propios de muchos lugares de la provincia, fue publicada en la Revista de la Universidad Nacional de Córdoba (julio-diciembre, 1965). El investigador abrevó en distintas fuentes documentales.

 Eminentes personalidades, dedicadas al estudio de las culturas aborígenes, nutrieron de contenido al inventario de nombre de Montes Pacheco, concebido para satisfacer la curiosidad de propios y extraños.

Julio Viggiano Esain, investigador folklórico y musicólogo, sostiene que el territorio cordobés tiene una extraordinaria riqueza en su toponimia, trasunto de las “capas étnicas” de los diferentes grupos humanos que poblaron el territorio.

 “Así se presentan los representativos de las primitivas culturas aborígenes, quechua (Pocho, Intihuasi, Chuñahuasi, Condorhuasi); aimara: (toco-toco, Antipara); sanavirona: (Quisquisacate, Anisacate, Costasacate, Para, Cachocaraba, Tanti, Tulumba, Ischilín, Quilino); comechingona: (Serrano), leminbutos (casa de pescado), antatica (cerro de cobre), Calabalumba, Calamuchita; ranquel, araucana o pampa: (Huinca Renancó, Rangel, Perchel, Temuco, Tinoco, como así también, como los de origen de tradición hispana”, grafica Viggiano Esaín en “Vocabulario popular tradicional cordobés”.

Folklore de las palabras

“El escritor Marcelo Montes Pacheco nos brinda un meritorio trabajo de divulgación sobre una de las ramas más espinosas de la lingüística: la toponimia. En ella, como mensajes de tiempos remotos, afloran voces de lenguas desaparecidas”, dice Domingo A. Bravo en las preliminares del estudio publicado en la “Revista de la Universidad Nacional de Córdoba” en 1965.

Cuando se aproxima uno de los acontecimientos culturales más importante del año 2019, el Congreso Internacional de la Lengua Española, repasamos aquí algunas de las palabras que Montes Pacheco rescató en su “Toponimia de Córdoba”.

Ascochinga (departamento Colón): Asco, Ashco o allco, en quichua significa perro (en América precolombina hubo canes); y chinga o chincasca (del verbo chingai) en el mismo idioma expresa perdido. Literalmente sería “perro perdido”; y si se trata de un cacique como sostiene el padre (Pablo) Cabrera, puede ser, sin mayor esfuerzo, su sobrenombre.

Atospampa (Calamuchita): Es trasliteración del quichua atojpampa (atoj=zorro, y pampa=campo): campo del zorro.

Cachipampa (Minas): quichua. De cachi=sal, y pampa=campo, es decir, “campo de sal”, literalmente.

Condorguasi (mejor Cóndor Huasi) (Cruz del Eje, Punilla, San Alberto): Voces quichuas cóndor, de cuntur, la simbólica mayor de las aves  andinas, y huasi=casa, es decir, casa del cóndor.

Chúcara (Juárez Celman): Es un vocablo americano, de probable origen quichua, incorporado al castellano. Vendría de chucru, duro, y se aplica al animal arisco o a la persona huraña e inculta.

Guacho (Tercero Arriba): Sin padre ni madre. Planta nacida sin sembrar. Posible origen quichua, de Huajcha, pobre, también sin padres según Diego González Olguín

Gualicho, El (Gral. Roca): Mapuche. Hualichu: genio del mal.

Huascha (Ischilín): Es una voz quichua que significa “pobre” y “huérfano”, de donde viene la palabra “guacho”, aceptada por la academia de lengua.

Huinca Renancó (Gral. Roca): Huinca, extranjero; renán, pozo y có, agua: todo en ranquel, es decir, “pozo de agua del extranjero”. Según Udaondo tiene el nombre su origen en el siglo XVIII cuando los españoles cavaron un pozo en una laguna de las inmediaciones de la población de este nombre. Erize escribe rengancó con el significado de agua de pozo cavado; agua de pozo artificial; agua de jaguel.

Icho Cruz (Punilla): Posiblemente icho o ichu (paja), en quichua; y cruz en castellano. Significa, en consecuencia, cruz de paja.

Intiguasi (Río Cuarto, San Alberto, Tulumba): Quichua. Casa del sol. Así  se denominaban los templos del sol autóctonos.

Laderyaco (Tulumba): Es hibridación de una palabra castellana y una quicha: agua de la ladera.  

Misitorco o Micitorco (Sobremonte): Quichua. Cerro del gato. De mici, michi, michi o misi=gato, y orco=cerro.

Nono (San Alberto): Parece derivar de ñuño o ñuñu, que significa seno, mama, en quichua. Frente a la actual villa existe un par de cerros que semejan senos de mujer.

Pirca (Ischilín): En quicha, aimara y araucano o mapuche significa pared, tapia, muro. Se aplica a cercos de piedra.

Ongamira (Ischilín): Fue el nombre de un cacique (también Ungamira) y lo es del valle.

Pampayasta (Tercero Arriba): Quichua: Pampa o llanura, y yasta (de llajta)=pueblo: pueblo de la pampa o de la llanura. Bravo aconseja escribir Pampa llajta.

Para, La (Río Primero): Quichua. Lluvia. Antonio Serrano da el significado de agua, en sanavirón.

Pichi Huinca (General Roca): Araucano. Pequeño cristiano, cristiano en el sentido de hombre europeo. Fue el nombre de un cacique que cooperó con los expedicionarios del desierto en la conquista del mismo. 

Pirca (Ischilín): En quicha, aimara y araucano o mapuche significa pared, tapia, muro. Se aplica a cercos de piedra.

Pungo  (Punilla): Quichua. Pungo, punco o puncu, significa puerta, y según González Olguín, ventana.

Saldan (Colón): Fue nombre del cacique que habitaba el lugar  al otorgarse la  encomienda a Peralta  en 1574. El lugar se llamó Saldansacate (pueblo de Saldan) y Saldan charaba del cacique.

Suquía o Zuquía (Capital, Río Primero): Según Pablo Cabrera y R. Ferrari Rueda significaría “árbol dulce” sin especificar el idioma.

Tegua (Río Cuarto): Araucano. Thehua=perro.

Tio pujio (San Martín): Quichua, tio, de tiu=arena, y puijo, de pukyo=manantial, vertiente, vertiente o manantial del arenal.

Ucacha (Juárez Celman): Según Enrique Udaondo esta estación lleva el nombre del cacique Diego Ucacha. Ucacha, en quichua, significa laucha.

Uritorco (Punilla): Quichua. Uritu=cotorra, y orco=cerro, y también macho. Traducción: cerro de las cotorras o lorito macho.

Yocsina (Santa María): Quichua. Salida. Efectivamente, salida a la llanura desde la zona serrana. En Santiago del Estero se pronuncia la c como j.

FUENTE

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