Lucía Fresco

Lucía Fresco

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Lucía Fresco es una de las referentes de Las Panteras. La jugadora nacida hace 29 años en Chajarí (Entre Ríos) recorrió el mundo con el vóley y quiere dejar su impronta en una selección que cada día está más consolidada. Su largo recorrido internacional —jugó en Alemania, Italia, Grecia, Hungría y actualmente milita en Corea del Sur, en el Incheon Heungkuk Life Pink Spiders— le dio un salto de calidad que la opuesta pone al servicio del equipo argentino.

«Me enamoré del vóley de muy chica. Empecé a los 9 años en Chajarí. Fue una elección propia, porque en mi familia no hay ningún deportista. Todo pasa por algo: cuando me acerqué al club había solo vóley, capaz que si había básquet elegía básquet. Y una vez que empecé a jugar al vóley me atrapó. Es una pasión, un sentimiento muy grande que siento», comenzó diciendo «La Rusa» en su contacto con El Diario de la República.

Sus primeros pasos fueron de central. Su 1,96 metro era una seducción para todos los entrenadores y la ponían de ese lado de la cancha. Pero no se sentía cómoda. «No tenía la velocidad y explosividad para jugar ahí. Sufría bastante», aseguró. Hasta que llegó a su vida el DT que la marcó en su carrera profesional: Guillermo Orduna. «Guille fue el entrenador que nos marcó a todas las jugadoras de nuestra generación. Tuvo esos ojos de técnico y me ubicó de opuesta, que es un puesto que no tiene tanta complejidad como jugar de central. Tuvo esa visión y la verdad es que le estoy agradecida, porque amo jugar de opuesta».

Orduna es una especie de «padre» de esta generación. Las comenzó a entrenar cuando tenían entre 13 y 15 años. «En ese momento tener una figura, un referente tan importante, que te explique y te inculque valores y amor por el deporte es vital».

«La Rusa» tuvo innumerables buenos partidos. Siente que la mejor versión no la tuvo en una sola ocasión, sino en varias oportunidades. Fue y es figura en todos los equipos donde jugó. Los clubes argentinos la disfrutaron muy poco, porque su jerarquía la llevó a triunfar por el mundo. Su Chajarí natal (en sus comienzos) y Boca, en dos temporadas, pudieron sentir de cerca cada remate potente de Lucía.

El partido que más recuerda es uno con Perú, clasificatorio a la primera cita mundialista de Argentina. «Fue especial y emocionante. En la previa me lesioné el hombro y el doctor me dijo que tenía que operarme. Jugué lesionada, se ve que la adrenalina de tener la chance de sacar pasaje a nuestro primer Mundial fue más grande. Me salieron todas. Hice muchos puntos. Tuve una visión de cancha increíble. A pesar de que sabía que iba a quirófano, en ese momento enfoqué mi cabeza en el juego. Ganamos. Clasificamos. Recuerdo que terminamos todas tirándonos a la pileta del hotel y hacía un frío tremendo», recordó.

Siente a Las Panteras como una creación de tantos años de trabajo de un grupo comprometido. «No siento que yo llegué a Las Panteras, siento que las creamos entre todas. Desde muy chicas jugamos ahí. Le fuimos dando contenido a ese nombre. La Selección no participaba en Juegos Olímpicos, ni en Mundiales, tampoco en el Grand Prix. A nuestro grupo lo siento creador de Las Panteras», afirmó con orgullo.

“El vóley fue una elección propia porque en mi familia no hay ningún deportista. Para mí es una pasión». Lucía Fresco.

A pesar de tener experiencia en Juegos Olímpicos —jugó en Río 2016—, es una cita que le quita el sueño. Entrena duro para llegar de la mejor forma a Tokio 2021. «Siempre le explico a la gente que el hecho de haber clasificado a los Juegos de 2021 no significa que estás en la lista. Hay que mantenerse en nivel y estar a la altura para que Ferraro (DT de Argentina) te ponga en esa lista definitiva, por eso es clave tener ese sueño y ese objetivo para estar a la altura de las circunstancias y llegar en buen nivel para cuando el entrenador te necesite», dijo.

No le gusta hablar de sus virtudes como jugadora. Es claro que a la hora de analizar su juego, Lucía tiene muchas más cosas en el haber que en el debe. Es una jugadora de enorme jerarquía que potencia a un grupo que está consolidado y que quiere cumplir más objetivos. No se relaja nunca y siempre apuesta por más. «Llevarme bien con todas es mi mayor virtud. Nunca me aferro a un bando. A la hora de repartir las habitaciones yo soy el comodín, me adapto a cualquier compañera».

“Guillermo Orduna fue el DT que me puso de opuesta; antes jugaba de central y no me sentía cómoda”, Lucía Fresco.

Dice que si volviera a nacer, elegiría el vóley de nuevo. «Es el deporte que amo. Es una pasión. Si no sintiera esa pasión no haría los sacrificios que hago. Por ahí de afuera se ve todo lo lindo, pero no se ve todo lo que se resigna, como cumpleaños, fiestas familiares, o soportar lesiones que te marginan de alguna competencia, jugar con dolores».

Es una agradecida del vóley. Una apasionada de un deporte que le permitió recorrer el mundo, disfrutar de un juego que ama y hacer amigas. «A la hora de elegir alguna amiga se me hace muy difícil. Elijo a todas las de mi generación. Te puedo nombrar a Tanya Acosta, Josefina Fernández, Anto Curatola, Nati Aispurúa, con quienes viví millones de anécdotas que te marcan. La adolescencia es un momento de la vida en donde te acordás siempre de las experiencias vividas».

Aguarda que pase el flagelo del coronavirus para regresar a Corea. Sigue con su rutina de entrenamiento. En el horizonte está Tokio 2021. La palabra relax no existe en el diccionario de Lucía Fresco, que es una “Pantera” de ley.

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