Piantao en México

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Piantao, 20 años de locuras argentinas. En lo que un día fue La Fábrica de Papel Loreto y Peña Pobre; un trío de amigos decidió abrir uno de los mejores restaurantes argentinos de la ciudad.

Hace 20 años, tres piantaos argentinos Saúl Lisazo, el doctor Ricardo Asch y Mario Marcelo Favaretto decidieron construir un restaurante en una antigua fábrica de papel en Peña Pobre (Cuicuilco) donde aún no había nada, pero el lugar era espléndido.

“Los nombres de la mayoría de los restaurantes están ligados con el tango, el futbol o lo gaucho y escogimos piantao, del caló argentino que es el lunfardo: un loco lindo, soñador, idealista como un Dalí, que es un piantao (…) como nosotros que decidimos construir un restaurante en un lugar especial y mágico”, señaló en entrevista Mario Marcelo Favaretto, empresario quien llegó en los 80 a México y ya no se volvió a ir.

Así, el arquitecto argentino Daniel Kolic (q.e.p.d) transformó el espacio en un paraíso para los amantes de la gastronomía, rodeado de áreas verdes, espacios abiertos y un diseño que se renovó hace 10 años que lo convirtieron en un oasis en medio del caos de la ciudad.

“La historia de los restaurantes argentinos en la Ciudad de México comienza en la colonia Nápoles con un restaurante de Mario Pavez en los 70 más o menos; después llegaron varios más como Mi viejo y El Rincón Argentino, donde trabajé 12 años y comencé en la puerta. Después del terremoto del 85, Polanco se hizo muy comercial y luego llegó Cambalache y todos los restaurantes argentinos comenzaron a crecer”, explicó Favaretto, exjugador del Club América y Toros Neza.

Mario Marcelo Favaretto se sienta a la mesa entre cortes de carne gigantescos, empanadas y, claro, una copa de vino.

“La comida argentina entró en la dieta de los mexicanos de una clase media para arriba porque el costo de la carne no es barata y en México hay carne muy buena pero se la comen en el norte del país, por lo que nosotros la traemos de Estados Unidos que también es muy buena y a los clientes les encanta”, agregó.

Mario Marcelo Favaretto se desempeñaba en el medio campo, por sus pies pasaban los balones para que él organizará el ataque en la cancha justo como hoy lo hace en su restaurante; Mario está atento a cada detalle y su equipo de trabajo lo considera un líder de amable sonrisa.

“Somos tres socios, uno es un médico especialista brillante y el otro es Saúl Lisazo, ¿lo conocen?, es actor (risas) y nos ha ido muy bien en estos 20 años. Nos hemos mantenido bien hasta el año pasado que hubo cambio de gobierno y las cosas bajaron poquito pero aquí estamos y vamos muy bien porque a la gente le gusta comer bien”.

La carta del Piantao es sólida y ofrece los platillos clásicos de la gastronomía argentina: empanadas (carne, queso, espinaca, humita y pomodoro), provoleta, chorizo, morcilla, berenjenas en escabeche, bocaditos de verduras, lengua a la vinagreta, pimientos y mollejas, entre otros.

Por supuesto que hay ensaladas como la Piantada (lechuga, berros, zanahoria, jitomate, cebolla, betabel, huevo, tocino) o La de River (jitomate, cebolla, orégano y aceite de olivo)

Pero el comensal va por la carne y la parrilla enseña obscenos y jugosos  cortes de carne: vacío, bife de lomo, lomo, bife de chorizo, asado de tira o arrachera, pero también hay lugar para el pollo oreganatto, la costilla de cerdo, bondiola y matambrito de cerdo.

Sin faltar la milanesa de filete, napolitana, roquefort, acompañadas de distintas guarniciones, mi preferida, las espinacas a la crema, aunque  la carta es inmensa y, como detalle, hay menú para los niños con pequeñas porciones.

“Los fines de semana vienen muchas familias, les gusta el espacio abierto y traen a los niños que juegan entre los arboles y es un lugar muy seguro. Es como un oasis en medio de la ciudad donde se viene a comer bien y a pasársela mejor”, finalizó Mario Marcelo Favaretto.

Piantao ofrece de postre los clásicos alfajores o el flan de la casa con dulce de leche donde el vino argentino no puede faltar y para eso existe un sommelier especialista en el tema, con una carta de más de 50 etiquetas argentinas, además de una selección de vinos mexicanos, españoles y chilenos.

vgutierrez@eleconomista.com.mx
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